Historia de las mujeres políticas en Argentina

22 enero 2020 / By Publicado por

Apenas comenzamos el año, en Argentina es tiempo de descanso para muchos, los fines de semana parecen más amenos y nos preparamos para lo que pueda ser el posible encuentro con nuestro televisor, abrir Netflix en nuestra computadora y ponernos al día con esa temporada de estreno que no pudimos ver. Parecería que en la política argentina estamos también en una nueva temporada dónde las mujeres que participamos en política tenemos que volver a afrontar desafíos. Pero hagamos un breve resumen para determinar en dónde estamos y como llegamos hasta acá.

Arrancamos en el primer capítulo de la temporada uno dónde, en 1911, Julieta Lanteri fue la primera mujer en emitir su voto, sin embargo no fue hasta 1949 que se garantizaron los derechos políticos de las mujeres, incluyendo la capacidad de elegir y ser elegidas. En 1951, incursionaron como votantes, dependiendo en ese momento de la voluntad de los hombres, en busca de esos consensos que cambian la historia. En esas primeras elecciones el fervor civil de las mujeres se sintió cuando superaron el 90% de participación, tenían una voz que se estaba haciendo escuchar fuerte. Esa primera temporada que duró 30 años desde el primer voto a las primeras diputadas y senadoras, hoy sigue siendo recordado y celebrado como corresponde.  

 

No vamos a hacer un listado de las leyes que salieron, ni los debates que se dieron, porque todavía no es claro el mensaje que nos esta queriendo dejar esta historia donde las protagonistas van y vienen, y las que quedan parecen difuminarse en los anales de la historia.

Lo que me parece importante antes de seguir narrando las aventuras de las argentinas que participan en política es resaltar que después de esa elección de 1951, la representación de las mujeres pareció avanzar, pero con los sucesivos golpes de estado este proceso democrático también se detuvo. Desde 1951 a 1991, el mayor porcentaje fue en 1955, dónde las mujeres representaron un poco más de 20% de los escaños de la Honorable Cámara de Diputados, pero con el tiempo ese número bajó. Lo mismo se dio en la Cámara de Senadores dónde los números parecen repetirse.

Con estos datos en mente, podemos seguir avanzando hacia la segunda temporada, dónde como en las series como “The Crown”, vemos nuevos actores, nuevos contextos, nuevos escenarios y … menos mujeres. Nos ubicamos en 1991, 80 años después de ese primer voto y 40 de esa primera elección, encontrando mujeres más avispadas, que manejan los tiempos de la Cámara y reclaman que la mitad del pueblo no estaba representada en el Congreso, que solo estaban mostrando a unas pocas, que querían ser más. Las vemos reunirse, sin importar partido, como hacen los grandes armadores y las observamos, como fantasmas que vigilan como se construye la historia, mientras ellas hablan con todos los presidentes de los bloques, que las ven como si “las chicas estuvieran jugando”.

Llegamos al final de la segunda temporada, como en esos partidos donde corre el reloj y falta poco tiempo para definir a los ganadores. El proyecto de Cupo Femenino, con media sancion en el Senado, caducaba si no podían sacarlo antes de que perdiera estado parlamentario e los próximos días. Salen de sus despachos a convencer a sus compañeros en el palacio, en ese momento les dijeron que salieron como “histéricas”, hoy saben que fueron con total convicción, cómo las políticas de pura cepa que eran y que no estaban jugando solo para ellas, se la estaban jugando por todas. Finaliza la segunda temporada con una victoria sobre la hora y un país un poco más equitativo, con el 30% de representación femenina en el parlamento. Sin embargo, no fue hasta el cambio de milenio en que se reglamento el cupo para las elecciones en el Senado, en el 2001, diez años más tarde (90 años después de ese primer voto). Cuanta paciencia.

La tercer temporada fue la última en salir, el salto temporal no fue tan grande ¿Será que estas valientes protagonistas se están animando más a jugar el juego político? Podría ser que en este primer capitulo arranque mirando la Casa Rosada con una mujer presidenta electa con el mayor caudal de votos desde el retorno de la democracia, en aquel octubre del 2011. Lamentablemente, los números en las Cámaras del Congreso no parecen querer sumarse a esta tendencia numérica.

Esa ley de cupo que nos dio un escalón sobre el cual pararnos y poder empezar a participar con mayor vehemencia en las grandes decisiones políticas, se había empezado a convertir en un techo. Podemos observar sin duda cómo, sin nunca llegar a ser ese 50% que recorre el país, empezamos a ver cómo decrecía ese número y como terminamos oscilando en nuestra representación del 30% y 40%, respetando ese orden como si fuera una marcha o regla numérica. Ese tercer lugar en las listas de candidatos, sin merecer nunca el primero, sino era rompiendo o liderando un espacio, nunca sin los comentarios cargados de veneno que insinuaban que lo habíamos ganado seduciendo a algún dirigente político.

Si bien los números no nos alientan y hoy, con el diario del lunes, vemos estos porcentajes con cierto desdén, la verdad es que la tercera temporada no se trata exclusivamente de representación. Este periodo estuvo cargado de dolor, de perdida, de lucha….de violencia.

Quebrando los paradigmas políticos, las protagonistas salieron del Congreso y no estaban solo ahí, rompieron como una ola y se desplegaron sobre las calles, inundando las avenidas y las plazas con el llanto de rabia y tristeza porque una, dos… 32 por hora, fueron asesinadas.

Cortaron entonces con la tradición de los años que terminaban con 1, y las protagonistas de la historia asumieron la narración, y como no eran la mitad en el Congreso, decidieron ser el 100% en las calles, donde impulsaron las grandes movilizaciones de #NiUnaMenos. Donde de vuelta, sin bandera partidaria y sin referentes, todas se abrazaron frente el Congreso pidiendo que se terminara con la violencia. No sería la ultima vez que se decide usar la calle, lugar al que le perdieron el miedo porque necesitaban esa fuerza.

Nos secamos las lágrimas de emoción, y seguimos en el próximo capítulo, porque no podemos parar. Como pasa cuando una buena historia nos atrapa, no nos importa el horario y seguimos viendo que sucede, estamos hipnotizados por la fuerza y después de esta movilización no sabemos qué más pedirles a las protagonistas, que dejaron de ser algunas, para ser todas.

Entonces nos encontramos de madrugada en una sesión ahí por el mes de noviembre de 2017, las vemos en una ronda y de vuelta no podemos definir de qué partido son, las vemos contarse y juntarse. Asentir. A la 1:21 se llama a una moción de apartado de reglamento para votar el proyecto que viene con media sanción del senado y como un deja vu, otra vez, se corria riesgo de perder estado parlamentario… Es la Ley de Paridad.

“¿En este momento?” dice el presidente de la cámara. “Si, ahora” Responde la diputada Donda y se escucha por detrás el eco del resto de las mujeres. “No me queda otra” dice mientras ríe el Presidente, Emilio Monzó. Con 165 votos afirmativos se aprueba la Ley de Paridad, porque nuevamente las mujeres se organizaron, sin mirar el origen, porque cuando se ven, encuentran al resto. Se ven como compañeras, se ven como aliadas, ven a las que estuvieron en la calle, ven a las que no están. Que final. Aparecen los créditos y corren las lagrimas porque nos acordamos de la temporada pasada, y la anterior a esa.

De la nada, recordamos, suspiramos y decimos “que bárbaro”, parece como temporada final. Si esta es la historia de la representación política de las mujeres, si esta fue su lucha a lo largo de los años, este era el final perfecto: la mitad del pueblo ahora tenía la mitad de la representación.

Pero, pasadas las últimas elecciones de octubre y la inauguración de la ley de Paridad, nos sorprendieron con una cuarta temporada, donde nos quieren contar cómo parece que no fuimos tan cuidadosas, porque ahora hay pequeñas lagunas. Las “chicas” jugaron y se divirtieron, pero ahora tienen que entrar los hombres para hacer política. Y la ley de paridad tiene que ser elástica para las necesidades del entorno.

Ahora, con un nuevo cambio de gobierno, varios hombres electos en el 2017 (ojo con esta trampa, aún no se había sancionado la ley de paridad) piden que sean hombres quienes los reemplacen. Usan la ley de paridad para ir en contra del mismo espíritu de la ley.

El debate se abre y parece que entramos a la cuenta regresiva para una nueva temporada donde vamos a ver otra vez, a las mujeres de los distintos partidos políticos unidas por defender los lugares que les correspondían por la vigencia de la ley anterior, mientras les echan en cara que estas son las reglas que ellas pusieron. Como si el tablero no hubiese estado inclinado por siglos.

Así que, preparémonos, porque es una temporada álgida donde nuevamente se quiebran las pertenencias partidarias para llevar adelante la bandera de las mujeres, porque esa es la única manera en que todas, sin importar de dónde vengamos o pensemos, logremos la igualdad que tanto buscamos. Ya salen los primeros documentos, que esgrimen la defensa de aquellas que se creen afuera.

La historia nos enseño a estar juntas…

Desde mi espacio político sabemos que más mujeres, es mejor política. Vamos a estar del lado de la historia que lo garantice. Ni un paso atrás.

Y “que bárbaro” que programón, esperamos la temporada final, con un justo y feliz final, con paridad, en el 2021. 110 años después del primer voto, 70 de la primera elección, 30 de la ley de cupo femenino. Números redondos y una historia con cierre dorado.

 

Por: Sofía Brambilla

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