Presidente UPLA se Reúne con Ex Presidente Checo

26 marzo 2018 / By Publicado por

En el marco de su visita a Guatemala y particularmente al municipio de Ciudad de Guatemala, El Presidente en funciones de UPLA Marco Solares se reunió con el Ex Presidente de la República Checa Václav Klaus, quien es además miembro del partido Civic Democratic Party que es parte de la International Democrat Union.

A continuación reproducimos el discurso pronunciado por el Presidente Klaus en el Foro Liberal de América Latina FLAL, en el hace presente sus visiones sobre la realidad del continente y su comparación con la situación europea.

«¿Cómo Hacer un Cambio en América Latina? Unos pocos comentarios tentativos. (TRADUCCIÓN LIBRE)

 Václav Klaus, Antigua Guatemala, 17 de marzo 2018

Es un inmenso placer y honor el poder estar con ustedes esta noche. Muchísimas gracias por traerme a Guatemala y por darme esta extraordinaria oportunidad de dirigirme a este importante evento y a tan distinguida audiencia internacional.

Déjenme iniciar mencionando que esta ya es mi segunda visita a Guatemala. Mi primera visita fue muy breve, solo un día y una noche. Fue hace 25 años y fui invitado a recibir un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Francisco Marroquín. Esto fue en octubre de 1993, solo 4 años después de la caída del comunismo en mi país. El título de mi discurso en la Universidad fue “El Interjuego de las Medidas de Reformas Políticas y Económicas en la Transformación de Países Poscomunistas”. Muchas gracias por motivarme a volver a leer mi discurso de hace 25 años. Me dio mucho gusto darme cuenta que aun tiene relevancia y que no sería necesario volverlo a escribir.

En mi discurso, me permití decir – con poca modestia – que “La República Checa ya ha cruzado el Rubicon que divide al sistema antiguo de los nuevos sistemas”. Además, agregué, con orgullo no oculto y satisfacción, que “nosotros podemos ser prueba de que la transformación del comunismo a una sociedad libre si se puede realizar”. Puedo decir ahora, un cuarto de siglo después, que esta declaración a probado ser cierta. El único problema es que – al haber entrado a la Unión Europea, al “habernos contagiado de la enfermedad Europea” – estamos en varios aspectos en camino de regreso. Necesitaremos otra transformación radical. Junto con nosotros toda Europa.

Entendimos, al mero principio de nuestra “Revolución de Terciopelo”, que la visión positiva que se les estaba ofreciendo a nuestros compatriotas, debería ser clara, simple y sencilla. Era mucho más simple de hacerlo en Europa Central en el momento de la caída del comunismo Soviético, que lo es ahora en América Latina. El Comunismo era un mal bien definido. Nuestro programa positivo era la sociedad libre, democracia parlamentaria, mercados libres; en otras palabras, capitalismo.

Rechazábamos las ambiciones de ingenieros sociales de todos los colores ideológicos posibles (y deseables) de idear, dictar, o comandar el proceso de transformación. La transformación procedió en una configuración política democrática ya existente. Yo aún creo en mi vieja proposición de que, en cualquier transformación social a gran escala es necesaria una mezcla de constructivismo y espontaneidad. Para los Hayekianos en este salón, una mezcla de “diseño humano” y “acción humana”.

  1. Mis Tres Experiencias Importantes

 Cuando recibí su invitación hace varios meses, me pregunté a mi mismo porque me habían escogido para dirigirme a este Foro y a dar el discurso de cierre en esta noche.

Yo no soy un experto en América Latina. Yo he visitado brevemente y oficialmente seis países de américa latina – Guatemala, México, Brasil, Argentina, Chile y Perú. No fueron vacaciones, ni visitas turísticas. Aprendí mucho de las pláticas con muchos políticos latinoamericanos al igual que con académicos y activistas políticos, pero estoy bien consiente del hecho que debo de hablar acá en voz baja, o, mejor aún, que debería de escuchar en lugar de hablar.

Sin embargo, se esperan unas palabras de mi parte. Me atrevo a hablar esta noche porque existen similitudes innegables en América Latina con nuestra experiencia y hay en nuestras manos, importantes y generales piezas validas de conocimiento, conceptos, reglas y teorías de las cuales debemos hacer uso.

Hay, talvez, tres razones principales que podrían justificar mis palabras ante ustedes esta noche:

  • mi experiencia de largas décadas en la era comunista;
  • mi experiencia en deshacerme de la herencia comunista;
  • mi reciente experiencia con la UE.

La segunda era fue una parte feliz de mi vida, lo cual es algo que no puedo decir del primer y tercer periodo. Aun estos años no fueron una pérdida de tiempo. Siempre fue un proceso útil y de aprendizaje para mí.

Yo creo que nuestra experiencia comunista tiene una cierta relevancia para América Latina hoy, a pesar de que sé que nunca han tenido comunismo de nuestro tipo (con excepción de Cuba). Yo hasta me sorprendí cuando me sugirieron el título de mi discurso de hoy – el movimiento del socialismo al capitalismo. ¿De verdad ustedes le llaman a su sistema de hoy “socialismo”?

El actual sistema político, económico y social latinoamericano me parece a mí tan complicado y multidimensional, que solo puede ser definido y descrito como nuestro ex comunismo. Esto contribuye a la dificultad de encontrar caminos para deshacernos de el, y como motivar a gente a que se convenza de la necesidad de rechazarlo. He aprendido mucho de un excelente documento escrito por Alberto Mansueti del Centro de Liberalismo Clásico, que fue preparado para mi tan necesaria “educación” antes de venir acá.

La frustración con el comunismo me volvió un verdadero liberal. Después de la caída del comunismo, cuando nos volvimos libres para viajar por todo el mundo, pudimos ver que tan grande era la desventaja de no poder experimentar el mismo proceso de aprendizaje al que fuimos forzados a pasar. Mi casi medio siglo de estar bajo el régimen comunista Checoslovaco, sigue siendo la experiencia dominante en mi vida. Me dio ojos astutos y sin misericordia, y una sensibilidad extraordinaria para notar cualquier no libertad, cualquier injusticia, cualquier tipo de atentado para tratar de controlar a la sociedad desde arriba (por aquellos que pretenden saber más que el resto de nosotros lo que es bueno para nosotros)

Mi segunda experiencia importante fue la era de la transición, mi oportunidad personal – unos días después de la caída del comunismo – de empezar a organizar un cambio sistemático fundamental (y el estar – en los ojos de mis conciudadanos– responsable de eso). Yo entendí que la mayor precondición del éxito era la siguiente triada:

  1. Uno debe de saber y ser capaz de formular, en una forma entendible, hacia donde ir. La visión de la sociedad que quieres construir debe de ser clara, no borrosa, explicíta, no implícita, dura, no suave, sin compromisos, sin complacer a todos;
  2. Debes de saber cómo llegar. Debes de poder formular en una forma simple y entendible el procedimiento, el camino, la secuencia de las medidas que se deben tomar inevitablemente. Una importante parte de esto es la habilidad (y el coraje) para decirle a la gente del país la verdad sobre los costos inevitables del proceso de transformación. Sabemos por Milton Friedman que no hay almuerzos gratis. Similarmente no hay reformas gratis (o transformaciones).
  3. Debes de ser capaz de convencer a la gente de todo esto. Debes explicarle a todos que la transformación de toda la sociedad es una tarea del colegio, un trabajo doméstico, no algo importado de afuera. Debes de apuntar a satisfacer a la gente de tu propio país, no a los burócratas del FMI y del Banco Mundial, ni a los banqueros inversionistas, ni a asesores y consultores profesionales. Ellos están maximizando sus ingresos propios, no la riqueza de nuestra nación. Debo admitir que no les caigo nada bien en Washington, D. C., donde se encuentran las oficinas centrales de estas organizaciones.

Mi tercera, y no menos importante experiencia, es mi vida actual en Europa; me refiero a mi vida en la Unión Europea. Tengo en mente mi vida en la pos democrática, altamente centralizada y sobre regulada, ineficiente y estancada, cada vez más y más políticamente correcta Unión Europea. Me temo que la gente en el resto del mundo no ve ni entienden la verdadera sustancia de esta entidad.

La mayoría de ellos solo ven lo que la propaganda de la UE quiere que vean. Los latinoamericanos aparentemente creen que la UE es:

  • una comunidad de naciones garante de la paz:
  • un grupo de países manejados democráticamente, donde una demo se siente como las otras demos;
  • una entidad coherente basada en valores comunes compartidos y patrones de comportamiento;
  • una entidad que centraliza solo una pequeña parte de su toma de decisiones;
  • un conglomerado de naciones donde todos son iguales (en un sentido Orwelliano);
  • una institución tipo familiar donde los miembros más débiles son ayudados significativamente por los más fuertes;
  • una institución donde la oposición a los puntos de vista oficiales es bienvenida, permitida y hecha posible.

Nada está más lejos de la realidad que este esquema propagandístico. La Unión Europea actual es:

  • una entidad sin demos, lo que significa sin democracia;
  • una entidad con una sola débil identidad común. Con respecto a nuestra identidad, primeramente somos checos, italianos o ungaros. Y estamos orgullosos de ello. Europa nunca ha sido un crisol con una sociedad multiétnica;
  • una entidad que hace mal uso del término subsidiaridad para disfrazar el estado actual de las relaciones y el eterno crecimiento de la centralización de la toma de decisiones;
  • una entidad con un país dominante, Alemania;
  • una entidad sin una autentica genuina solidaridad;
  • una entidad restringida y debilitada por su no funcional unión monetaria y por sus irresponsables arreglos Schengen.

Uno de mis colegas estuvo en el Parlamento Europeo 10 años y al leer la versión manuscrita de este discurso mío, sugirió que mencionara a ustedes una de sus experiencias en esa entidad: la visita de Hugo Chávez. Mi colega se recuerda cómo se impresionó al ver que el Parlamento Europeo se paró y entusiásticamente aplaudió a Hugo Chávez cuando el sugirió la nacionalización de la empresa British Petroleum. Deben saber que los parlamentarios de la UE nunca le aplaudirían a un latinoamericano que fuese anti Chávez. Es bien sabido de que ellos “famosamente” no pudieron aceptar (o tragarse) mi discurso en su sede en el año 2009, cuando hablé en mi calidad de Presidente de uno de los estados miembros de la UE. Esto dice mucho sobre la actual UE.

  1. Unos Pocos Comentarios Sobre América Latina

 Quisiera felicitar a los organizadores de este encuentro. Uno no puede lograr algo solo y aislado. Es importante el poder juntarse, intercambiar visiones y experiencias, ver que no somos solo un grupo pequeño de gente, casi una especie en peligro de extinción, muchas veces ridiculizados en casa como mensajeros de más bien ideas irrelevantes, y ni hablar de nuestra política incorrecta.

Es necesario construir instituciones, especialmente partidos políticos. Me impresionó mucho el agudo análisis de Alberto Mansueti sobre el ciclo político de América Latina, al cual él llama “el ciclo vicioso de la política”. Sin embargo, no se puede ser libre ni tener libertad sin partidos políticos. Yo pasé todos los años 90s, como Primer Ministro, luchando contra la adoración del Presidente Václav Havel a la “política no política” y su desprecio a los partidos políticos. Los “progresivitas” del Occidente y “liberales, en el sentido Americano” lo amaban especialmente por esto.

Nosotros los que estamos reunidos acá esta noche sabemos que el ser libre y la libertad, es el más importante objetivo y ambición, lo que es la pre condición para todo lo demás.

¿Cómo traer libertad a América Latina? Yo sé que hay grandes diferencias entre los países de América Latina y que cualquier rápida y primitiva generalización es peligrosa. ¿Cuáles son los principales pre requisitos del proyecto liberal latinoamericano? Debe de estar basado en libertad, en democratización, en poner un fin a las guerras civiles, guerrillas, y “ejércitos” terroristas, al igual que a la brutalidad policiaca. Debería de traer un fin a los regímenes autocráticos y empezar la construcción de la noción de ciudadanía porque esa es la pre condición para deshacerse de las sociedades bruscamente divididas (políticamente, económicamente, socialmente y culturalmente), de la “sociedad de dos pisos” (en la terminología de Alberto Mansueti) y para acabar con la pobreza, el crimen, la injusticia y la segregación social.

¿Es acaso la liberación del residuo pos-colonial y de la versión vieja del imperialismo Americano, la tarea actual como era en el pasado? No estoy seguro. Los principios de hoy como el Marxismo, políticas correctas, humanismo y medio ambientalismo son universales. Vienen del Occidente para el Resto. Esto es, sin embargo, una importación diferente a la del pasado. Estos “ismos” se convierten en obstáculos fundamentales para cualquier intento de salir adelante.

Permítanme hacer una digresión terminológica. En nuestra parte del mundo, en el momento de la caída del comunismo, queríamos liberalizar radicalmente, desregular, descentralizar a la sociedad entera, pero no queríamos usar el término liberalismo como lema principal de nuestro esfuerzo (debido a la incertidumbre de su versión Americana). “El liberalismo del estilo Americano” fue para nosotros algo no sobre libertad y liberación radical. Nos recordaba de una versión suave del socialismo.

Tampoco queríamos aceptar – con toda nuestra admiración a Margaret Thatcher – el termino conservadurismo. Yo vacilé en que nombre ponerle al partido político que fundé en 1991 y con el cual obtuve una victoria en las primeras elecciones después de la caída del comunismo. Finalmente lo llamé Partido Cívico Democrático. Queríamos resaltar la ciudadanía, la democracia y un partido político.

 Era lógico el hablar de liberalización después de 40 años de comunismo, pero era imposible pelear por el conservadurismo porque no era significativo el conservar el comunismo. Ustedes han de tener problemas similares ahora.

Me temo que la versión actual del liberalismo ha transformado al liberalismo en algo no tan liberal. Con su defensa del multiculturalismo y humanismo, apunta a la destrucción de la Civilización Occidental. Se volvió cosmopolita (y cultural), mientras que el liberalismo original se concentraba en la lucha entre el estado y el individuo adentro de un país (y solía tener una dimensión económica bastante fuerte). Esto es un cambio radical. Algunos liberales hasta se acercan bastante a la peligrosa ideología del globalismo.

Este liberalismo – junto con la ideología de la Nueva Izquierda y el Neo Marxismo – pelea por todo tipo de derechos, mayormente o exclusivamente por los derechos humanos, no por derechos cívicos. En este sentido, el liberalismo se acerca mucho a las ideologías revolucionarias de izquierda que ustedes conocen tan bien por sus propias experiencias en América Latina. Viéndolo desde Europa, vemos un rol muy especial jugado acá por la Iglesia Católica, el cual es muy diferente en América Latina que en Europa. El nuevo Papa está más cerca de las ideas del nuevo liberalismo, de la Nueva Izquierda y el Marxismo Cultural, que de las ideas del viejo Catolicismo.

 

  1. ¿Es el Populismo el Principal Peligro?

El liberalismo europeo y Americano moderno considera en estos días – para mi gran sorpresa – al populismo como su enemigo. Si entiendo esto correctamente, el populismo, especialmente acá en América Latina, solía ser una doctrina dominante de gobernantes no-democráticos, autocráticos, y quasi socialistas (por supuesto que ellos mismos no usaban estas etiquetas). El populismo de hoy – en los discursos de algunos liberales, aun de liberales clásicos – es un término usado como una etiqueta burlona y degradante para personas frustradas en la Europa posdemocratica (y América), quienes tienen bloqueada su participación en un discurso democrático normal, quienes no pueden publicar sus puntos de vista en los medios dominantes, quienes tienen sentimientos justificados que normalmente compiten políticamente con las arrogantes elites políticas de Europa y América. Ellos están excluidos de esto por los exponentes políticamente correctos del progresivista Bravo Nuevo Mundo. No para verse como un trágico malentendido.

Estoy de acuerdo con Frank Furedi en que muchos liberales (y también no-liberales) “aplican la etiqueta populista a movimientos y grupos cuyos valores contradicen los propios” (prologo) y que “en nuestro tiempo, populismo es un término que los anti-populistas usan para describir a gente que no les agrada”. Yo comparto esta visión de que “la reacción anti-populista a movimientos populistas representa una más grande amenaza a las políticas democráticas”, que el populismo en sí.

Experimentamos una polarización creciente en nuestras sociedades; uno de sus aspectos es “la polarización entre la elite gobernante y una sustancial porción de los gobernados”. El populismo es la respuesta a esto.

El liberalismo moderno o pseudo-moderno mal interpreta al Occidente. Yo toqué este punto al hablar de la UE. Me parece que los liberales de América Latina están idealizando al Occidente. Nosotros – en la era del comunismo – también idealizábamos a Occidental, pero en ese tiempo el Occidente era todavía el Occidente. Ahora no lo es. Podríamos – en nuestros momentos revolucionarios – referirnos al Occidente, lo cual a mi pesar ya no es posible ahora.

Vivimos en un mundo pos-Occidental. Estaría feliz – ahora que estoy aquí – de poder referirme a Europa como un símbolo del Occidente, pero sé que no sería correcto.

Europa está ya casi perdida, no hay un movimiento liberal autentico ahora. Europa tenía hasta hace poco una ventaja, que – a pesar de todas sus revoluciones radicales (la Revolución Francesa, la Revolución Rusa) – puede ser caracterizada por la muchas veces interrumpida, pero aun visible línea evolucionaria que es algo que no veo en América Latina en este momento. Su tradición doméstica y su cultura han sido violentamente suprimidas y los inmigrantes extranjeros de todas las esquinas del mundo vinieron acá con muy diversas culturas y aspiraciones. El encontrar una verdadera línea evolucionaria latinoamericana es una tarea heroica.

Debemos hacer que el liberalismo en América Latina sea una ideología revolucionaria. En Europa del Este y Europa Central, fue posible deshacerse del comunismo de una manera rápida. El pasado estaba bien definido, el futuro – una sociedad libre, una democracia parlamentaria, la liberalización, la desregulación y privatización – también. La negativa al pasado por la gente común fue abrumadora, los lineamientos del futuro fueron bien entendidos por ellos. Acá no es tan simple.

Yo ya dije que fue mucho más fácil hacer un cambio sistemático fundamental en Praga en aquel entonces, que sería hacerlo en Ciudad de Guatemala ahora. El mundo latinoamericano no-monolítico, la libertad relativa en muchas áreas, la ausencia de un sentimiento generalizado de que el pasado es un fracaso total, son obstáculos para un cambio fundamental. Nadie creyó en el comunismo en nuestra parte del mundo en los años 1980s. Esta doctrina fue totalmente desacreditada. Me temo que no es tan simple ahora en América Latina porque no hay un mal coherente, simplemente definido y etiquetado, al cual haya que ponerle fin.

Espero estar equivocado. Espero que sepan cómo ir hacia delante.

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